Coge una canción infantil. Tres acordes, Do Sol Do. Ahora mantén la melodía exactamente como está, nota por nota, y desliza por debajo un Cmaj9, un Em7, un A7b9, un Dm7 y un G13. La melodía no se ha movido ni un pelo. Pero lo que oye el oído ha cambiado de planeta. Eso es la rearmonización al piano: se tocan los acordes, jamás la melodía. Es la herramienta que separa a quien planta una cifra de quien cuenta una historia armónica.
La rearmonización no es un truco de experto inaccesible. Es una lógica, unas cuantas técnicas bien identificadas y mucha escucha. Vamos a establecer las reglas y luego a desplegar las herramientas en el orden en que rinden más rápido.
¿Qué es la rearmonización al piano?
La rearmonización consiste en sustituir los acordes de un tema por otros acordes, conservando la melodía original. No hay que confundirla con la armonización, que inventa acordes bajo una melodía que no los tenía. Aquí los acordes ya existen. Los tiras, los enriqueces o los desvías.
La regla es única y no admite excepción: la nota de melodía debe seguir siendo compatible con el nuevo acorde. No forzosamente como fundamental. Puede convertirse en la tercera, la séptima, la novena, la oncena aumentada o la trecena del acorde de debajo. Ese es todo el juego. Una sola nota de melodía puede ser la consonancia de un acorde o la tensión de otro. Un Do es la fundamental de un Cmaj7, la tercera de un Am7, la quinta de un Fmaj7, la novena de un Bb6, la trecena de un Ebmaj7. Cinco acordes, una sola nota sostenida. Ese es el terreno de juego.
¿Por qué hacerlo? Para dar movimiento a una cifra estática. Para crear sorpresa en una reexposición del tema. Para llevar una canción folk de tres acordes a un universo armónico rico. Bill Evans rearmonizaba sistemáticamente los estándares que tocaba. Herbie Hancock construyó una carrera sobre su capacidad de recolorear una melodía conocida. Cuando oyes una versión que te pone la piel de gallina sobre un tema que te parecía soso, nueve de cada diez veces es rearmonización en acción.
¿Cómo rearmonizar sin romper la melodía?
El procedimiento consta de tres pasos. Primero, localiza la nota de melodía en cada tiempo fuerte. Ella manda. Luego, pregúntate qué acordes contienen esa nota, ya sea como nota del acorde o como extensión agradable. Por último, elige entre esos candidatos el que crea el mejor movimiento respecto al acorde anterior y al siguiente.
Este último punto es crucial y demasiado a menudo olvidado. Un acorde de rearmonización nunca se juzga aislado. Se juzga en su encadenamiento. Un acorde magnífico colocado en cualquier sitio suena mal si no conduce a ninguna parte. La calidad de una rearmonización es, ante todo, la calidad de su conducción de voces. Por eso el dominio del voice leading al piano precede a toda ambición seria de rearmonización. Sin él, apilas acordes bonitos que no se hablan entre sí.
¿Cuáles son las técnicas de rearmonización más útiles?
No todas valen lo mismo para empezar. Estas son las cuatro que transforman el sonido más rápido, en orden de rentabilidad.
1. Insertar relaciones ii-V delante de los objetivos
La progresión ii-V-I es la columna vertebral del jazz. La técnica de rearmonización más rentable consiste en colocar un ii-V justo antes de cualquier acorde importante de la cifra. ¿Quieres llegar a un Fmaj7? Precédelo de un Gm7 y luego un C7. Creas una minitensión-resolución que impulsa el oído hacia el objetivo. Esta técnica, la de las dominantes secundarias vestidas con su ii, densifica una cifra pobre sin inventar nada nuevo armónicamente. Para entender bien el mecanismo de base, relee cómo funciona el ii-V-I al piano.
2. La sustitución tritonal
Sustituye un acorde de dominante por el situado a un tritono de distancia. En lugar de un G7, toca un Db7. Los dos acordes comparten sus notas guía, el Si y el Fa, que no son más que tercera y séptima intercambiadas. El bajo desciende cromáticamente hacia el objetivo, lo que suena de inmediato muy jazz. Es el arma preferida de las rearmonizaciones de finales del siglo XX. El detalle completo está en nuestro artículo dedicado a la sustitución tritonal al piano.
3. Los acordes de paso cromáticos
Entre dos acordes distantes un tono, desliza un acorde a mitad de camino que una los dos por semitonos. Entre un Dm7 y un Em7, coloca un Ebm7 de paso. La línea de bajo Re, Mib, Mi se vuelve lisa, fluida, inevitable. El acorde disminuido también funciona muy bien como acorde de paso. C7, C#dim7, Dm7 es un cliché magnífico que se resuelve solo.
4. La sustitución por acorde relativo o modal
Sustituye un acorde mayor por su relativo menor, o al revés. Un Cmaj7 puede convertirse en un Am9 bajo una melodía que lo permita. También se puede tomar prestado de un modo paralelo: sobre un tema en Do mayor, deslizar un Abmaj7 o un Fm7 venidos del Do menor crea ese color agridulce característico de las baladas de Michel Legrand. Estos préstamos modales son el secreto de las armonías que parecen a la vez familiares e inesperadas.
| Técnica | Ejemplo sobre objetivo Cmaj7 | Efecto |
|---|---|---|
| ii-V insertado | Dm7 G7 Cmaj7 | Impulso, propulsión hacia el objetivo |
| Sustitución tritonal | Dm7 Db7 Cmaj7 | Bajo cromático, tensión moderna |
| Acorde de paso cromático | Cmaj7 C#dim7 Dm7 | Enlace fluido, movimiento |
| Préstamo modal | Fm7 Bb7 Cmaj7 | Color agridulce, sorpresa |
Rearmonización extrema: ¿hasta dónde se puede llegar?
Existe una frontera movediza entre rearmonizar y reescribir. Las rearmonizaciones extremas, las de pianistas como Brad Mehldau o arreglistas como Clare Fischer, cambian a veces casi la totalidad de los acordes de un estándar. La melodía permanece, pero el suelo armónico bajo sus pies se vuelve irreconocible. Una nota sostenida que era una fundamental consonante se convierte en una oncena aumentada estridente, luego en una trecena suspendida, compás tras compás.
Este enfoque exige un oído sólido. Cuanto más alejas el acorde de la función original, más aumenta el riesgo de sonar gratuito. La regla de sentido común: una rearmonización extrema debe conservar una lógica de conducción de voces o de línea de bajo. Si el bajo desciende por semitonos de principio a fin, el oído perdona casi cualquier audacia por encima. Ese hilo conductor es lo que impide al oyente perderse. Sin él, no rearmonizas, chapuceas.
Un buen ejercicio de calibración: rearmoniza los ocho primeros compases de Autumn Leaves tres veces. Una versión prudente, solo con ii-V añadidos. Una versión media, con sustituciones tritonales y un préstamo modal. Una versión extrema, en la que cambias todos los acordes salvo el primero y el último. Graba las tres. Vuelve a escucharlas en frío al día siguiente. Oirás enseguida dónde la audacia se vuelve gratuita y dónde sirve a la melodía.
Prueba tus rearmonizaciones al teclado
HarmoniKeys muestra en tiempo real qué acordes contienen una nota de melodía dada y cómo se encadenan en voice leading. La herramienta ideal para explorar las sustituciones sin tantear sobre el papel.
Abrir HarmoniKeys¿Cómo trabajar la rearmonización a diario?
La teoría se digiere rápido. La mano, mucho más despacio. Este es el plan que funciona, a razón de veinte minutos al día.
Fase 1, la cartografía. Coge una nota, la que sea, y enumera al teclado todos los acordes de séptima que la contienen como nota del acorde o como extensión. Para el Do: Cmaj7, Am7, Dm9, Fmaj7, G7sus, Ab7#11, etcétera. Hazlo para las doce notas. Es tedioso. También es lo que hace la rearmonización instintiva más adelante.
Fase 2, la cifra simple. Coge un tema de tres o cuatro acordes que te sepas de memoria. Una canción de variedad, un tema folk, una canción infantil. Añade primero un ii-V delante de cada acorde objetivo. Nada más. Escucha la diferencia. Ese solo paso ya jazzifica enormemente.
Fase 3, el enriquecimiento. Sobre la misma cifra, sustituye una dominante por su sustitución tritonal. Luego inserta un acorde de paso cromático. Una modificación cada vez, nunca todo de golpe. Debes oír lo que aporta cada cambio, si no acumulas sin comprender.
Fase 4, los colores. Trabaja las extensiones y los acordes alterados al piano sobre tus acordes de dominante. Un G7 se convierte en G7b9, luego G7#9, luego G7alt. La nota de melodía decide qué pasa. Ahí es donde la rearmonización se une al arte del voicing.
Para anclar todo esto en la gramática armónica general, ten a mano fuentes de referencia como el artículo sobre la armonía del jazz en Wikipedia, que sitúa estas técnicas en su contexto histórico.
La rearmonización no se descarga en los dedos en una semana. Es un trabajo de paciencia, hecho de escucha y de memoria. Pero el día en que coloques por instinto un préstamo modal bajo una melodía anodina y la pieza se ilumine, entenderás por qué los pianistas le dedican una vida. Empieza por un ii-V añadido. Lo demás vendrá solo.